NOVELA |
Joseph Conrad en 1904.

Joseph Conrad en 1904.

ALFONSO VÁZQUEZ

Alba editorial reedita la Crónica personal de Joseph Conrad (1857-1924), publicada originalmente en la English Review en 1912, una valiosa pero también errabunda recopilación de recuerdos en la que el genio anglo-polaco se confiesa a los lectores y desvela sus inicios como escritor y como aventurero impenitente

Hay una escena inolvidable de esta Crónica personal de Joseph Conrad, en la que el gran escritor anglo-polaco cuenta cómo está trabajando en la tranquilidad de su estudio en las últimas páginas de Nostromo, ese prolijo universo sudamericano que forjó de la nada, personalizado en la república imaginaria de Costaguana. Pero de pronto, concentrado como está, irrumpe en el «habitáculo» la hija de un general para ver cómo se encuentra.

En ese momento, Conrad confiesa que «Todo el mundo de Costaguana (…) hombres, mujeres, costas, casas, montañas, ciudad, campo (…) se desplomó con un horrísono estruendo que solamente oyeron mis oídos. Tuve la impresión de que nunca sería capaz de recoger los pedazos… y en ese preciso instante me oí decir: ¿No quiere sentarse?».

Pocas veces se ha descrito con tanto humor y dramatismo el acto de la creación, volatilizado por la irrupción de una intrusa en el sanctasanctórum del escritor. Y sin embargo, no parece que esta deslavazada y brillante Crónica personal encandilara al escritor Ford Madox Fox, amigo de Conrad, que se la encargó para publicar en la English Review. Quizás fuera por la escritura errabunda, por irse, en muchas ocasiones, por las ramas. Erró bastante Ford Madox Fox porque estas memorias, una nueva edición de la editorial Alba con la traducción de Miguel Martínez-Lage, conforman un delicioso paseo por la vida y la tramoya creativa de Conrad y, pese a su escasas páginas, no tienen desperdicio y nos desvelan decisiones clave de su existencia, como el hecho de convertirse en marino, a pesar de ser de tierra adentro, el ponerse a escribir y el hacerlo en una lengua que no sería la materna, sino una tan ajena como la inglesa.

Todo esto encontramos en la Crónica personal, en la que un Conrad de 55 años regresa a la niñez y a la juventud, mientras narra con gracia sus exámenes para avanzar en la Marina Británica o que comparte con los lectores su particular caída camino de Damasco, que no fue estrictamente tal: Mas bien se trató de una excursión por las montañas suizas, acompañado de su tutor, en la que se cruzó con un «inolvidable caballero inglés», «con el semblante de un viajero ardiente e intrépido», que le lanzó una sonrisa amistosa. «Un inglés como aquél no se encuentra dos veces en la vida», confiesa. Fue la visión de ese viajero impenitente la que le animó a seguir sus pasos y surcar los sietes mares, en contra de la familia, que se habría contentado con que Jósef Teodor Konrad Korzeniowski hubiera sido un ejemplar terrateniente.

Los recuerdos e imágenes del escritor van y viene sin orden ni concierto, pero eso no quita amenidad ni calidad literaria al libro, en el que está muy presente el pariente que más influyó en la vida de Conrad: Nicolás B., el soldado que combatió con Napoleón y del que le queda una borrosa imagen: «Un impresión evanescente y que no parece guardar relación concreta, de un hombre magro, rígido, con la chaqueta marcialmente abotonada hasta el cuello, es todo lo que queda de aquel Nicolás B., poco más que una sombra vagarosa a la que persigue el recuerdo de su sobrino nieto».

También ocupa muchas páginas la azarosa escritura de su primera novela, La locura de Almayer, azarosa porque el manuscrito sobrevivió a mil tribulaciones en alta mar y porque Almayer, el primer personaje de Conrad, el que le convertiría en un exótico escritor anglo-polaco, está basado en un personaje real: «Lo había visto cuatro años antes, desde el puente de un vapor anclado en una dársena desvencijada, a unas cuarenta millas río arriba de la desembocadura, en Borneo», apunta.

Aquí tienen la forja de un genio, su lucha por seguir la vocación literaria, salpicada de aventuras y de personajes reales y ficticios. Una lectura de inmejorable calidad para este verano.

FICHA
Crónica personal
JOSEPH CONRAD
ALBA
10 €

Sin ánimo confesional, «sin ninguna comezón por justificar mi existencia», Crónica personal es una hermosa, templada colección de recuerdos elaborada con la complejidad y el elevado criterio del arte novelístico conradiano en el umbral sus «dos vidas»: la vida del mar y la vida de las letras.
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