MARCAPÁGINAS | FELIPE BENÍTEZ

GUILLERMO BUSUTIL

Tres naipes tiene la vida: corazones, tréboles y espadas. Las copas son cosa de la noche y de un rato. No se juegan a una carta el amor, el drama ni la suerte. Tres naipes en la bocamanga es lo que llevan los magos y también los pícaros. Dos tipos humanos cuyo éxito radica en que ningún ojo les pille el triunfo de su truco. Está llena la Historia de sus literaturas y hazañas pero siempre aparece una vuelta de tuerca que los enriquece y nos los acercan con una nueva sensibilidad que nos sorprende y nos conmueve entre la risa, la reflexión, la mueca y la empatía. Es lo que sucede con el antihéroe de El azar y viceversa, la espléndida, si no la mejor novela de Felipe Benítez Reyes. El padre putativo, que no de sangre ni de cabello pelirrojo, de Antoñito Escribano, el Rányer, Padilla, Jesús y el último Toni –nombres de un road movie existencial que nunca se subió a bordo de un Dodge Dart rojo– artífice de una supervivencia pie grande, pie chico, frente a los golpes, carambolas y matutes de la vida y de los efectos de las adversidades y la fortuna. Una magnifica criatura literaria y de carne, de Rota y de Benítez, rey de reyes indiscutible y por derecho propio sumándose a la tradición del Lazarillo y del Buscón, que hubiese hecho partirse de risa, admiración y envidia compadre a Fernando Quiñones, otro duende al igual que Felipe Benítez Reyes del afilado, inteligente y cubista humor de la literatura burlesca de los monstruos de la realidad.
«No estamos en el mundo para que nos den un diploma de expertos en el mundo», le dice el padre del protagonista al futuro de un buscavidas que disfruta de narrar la gran bola de nieve sucia entre lo que creyó ser, lo que quería ser y lo que en verdad es. Toda una declaración de principios la del narrador que define la existencia como una sucesión de piruetas aleatorias en el vacío en su aventura de contar la educación sentimental en la Rota de los años setenta de una poliédrica criatura de oficios diversos y amos, tan deshonestos como su vocación de aprendiz y el optimismo melancólico con el que torea las cornadas del destino. Una deriva de trucos, trapicheos y bocamangas con las que ir saliendo a flote entre las adversidades, la narración de los amores americanos de su madre y sus propias aventuras entre las penumbras del tardofranquismo, los recovecos de la Transición y el presente de nuestros días turbios.

un largo camino de rebeldías  y dependencias, de ideales de futuro, extravagancias y avatares en el laberinto de la vida de la que busca hacer cómplices a los lectores. La exigencia picaresca que Benítez Reyes mantiene en alto, con un curtido ritmo narrativo y el poderío de un lenguaje  por dentro y por fuera de la historia que nos va contando con disfrute, con crudeza, con una soberbia ironía delirante que no está exenta de ternura ni de una dura crítica social, generacional, cultural y también autobiográfica en cuya verosimilitud es fácil involucrarse. Una poética que viene a ser el dedal de oro con el que Benítez Reyes tensa su lenguaje –culto y acanallado, popular y aforístico–, cose lo que cuenta y lo que esconde en el dobladillo campero de la historia que se va haciendo grande y vuela entre el ímpetu y la determinación, las peripecias de lo coloquial y el estilo de la magia de lo literario que desnudan y valoran la humanidad en su actitud, sus fracasos y su coraje. Después de El novio del mundo y de Walter Arias no era fácil para Benítez Reyes componer otra biografía entre lo borgiano y Kafka, entre lo nabokiano y el barroquismo de lo andaluz con retranca, y volver a contarnos la vida de un tipo con el que compartir copas en El Vanguard, el Ruleta, el Carnaby mientras desbroza sus amores con Esperancita Gil, Macarena Heredia, Miranda o nos relata sus relaciones con Gavilla, Fantomas, el Séneca, Fiti y  Bakunin entre otros espléndidos secundarios en los que el protagonista busca su coartada  y su víctima. Otra habilidad del escritor gaditano que a buen seguro los elige entere su propia vida (es fácil para los amigos paisanos reconocer a Rafael de Cózar o a Carlos Edmundo de Ory entre otros) y sus robos callejeros de observador en Rota, Cádiz y Sevilla, platós de una historia sobre el paisaje de realismo fantástico de un sur siempre en delirio y construcción, en el que reina su camaleónico Max Estrella. El pícaro que nunca renuncia a la felicidad a pesar del azar y viceversa que en este caso bien merece, por su maestría narrativa y su don lenguaje, un premio grande que lo celebre.

FICHA
El azar y viceversa
FELIPE BENÍTEZ
DESTINO
21 €
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